Transcurre mi tiempo en tu sonrisa,
y en los pliegues de tu alma se deleita,
con la prisa de un viejo que se hace niño,
Tu mano me acompaña desde el sueño a la vigilia,
de tu tacto nace la noche,
y en él alumbras la aurora, inmutable,
como la mañana que en tus ojos se levanta.
Tu mano traza estelas en mi espalda,
veneros de amor reposado,
como el sonido del mar que tanto añoras,
como su voz, puro lamento.
ayuna de sobresaltos, colmada de espera,
con la prisa de un niño que se hace viejo,
repleta de anhelos, libre de juicio.